Mandatos

El sufrimiento que nos ocasiona el buscar pareja, romper con la pareja o estar en pareja tiene dos vertientes. Por un lado, la emocional: tiene que ver con nuestro carácter y la manera cómo afrontamos las situaciones y gestionamos las emociones. Pero otra parte -que casi nunca tenemos en cuenta- tiene que ver con la idea de «cómo tienen que ser» las relaciones sexoafectivas. Existen unos constructos sociales que condicionan nuestra manera de relacionarnos y que no solemos cuestionar. Y son tan potentes y están tan arraigados que, si no los cumplimos, nos sentimos frustrades, inadecuades, rechazades…


Un mandato no cuestionado, por ejemplo, es el de encontrar pareja, formar familia y tener hijes. Otro, el de amar románticamente a tu pareja. Y tener un sexo frecuente y siempre satisfactorio… únicamente con tu pareja, claro. Son mandatos que dejan poco o ningún espacio a la necesidad individual, que es sometida a ese deseo colectivo de la sociedad por cumplir un ideal. A su necesidad de orden.


Así pues, las personas que no «consiguen» pareja, no aman hasta la médula a su pareja o no tienen descendencia, están en falta. O las viudas, las estériles o las «feas» según el ideal de belleza del momento. Y eso quiere decir que les falta algo. Por lo tanto, son personas «incompletas» que pasarán parte de su vida en busca de aquello que las complete o gestionando la frustración por no tenerlo. Porque es difícil mirarte y verte complete cuando el mensaje subliminal que te manda la sociedad es que te falta algo.


Estos mandatos nos afectan a todes. Pero, por lógica y sentido común, afectan más a aquellas personas que luchan por ser «normales». Porque el precio de esta «normalidad» es cumplir las expectativas que la sociedad «normal» impone. El resto, la diversidad de opciones no normativas, son personas que luchan precisamente contra estos ideales. Cada cual a su manera.


Sufrir por cumplir un ideal es perder la conexión con las necesidades propias. ¿Y si no necesito cumplir con los mandatos que me impone la sociedad para ser feliz? Cuestionarnos qué necesitamos en vez de qué debemos hacer nos hace siempre algo más libres a todes.

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