Crianza sin género

Educar en la neutralidad de género.
Esta es la propuesta de unas escuelas en Suecia, gestionadas por Lotta Rajalin, en las que se acompaña a lxs niñxs en su aprendizaje desde una visión no binaria de género. Se les invita a expresar cómo se sienten en un entorno neutro en cuanto a género se refiere sin establecer diferencias por sexo biológico y evitando estereotipos y roles de género. No se usan las palabras «niña» ni «niño».

La cantante sueca Pink también decidió educar a sus hijxs en la neutralidad de género. Y los padres de Zoomer (raisingzoomer.com), en los Estados Unidos, que están llevando su crianza a otro nivel: han decidido no informar a nadie sobre el sexo biológico de Zoomer para que lxs demás no le adjudiquen un género.

Porque seguimos adjudicando géneros sin tener en cuenta la opinión de la persona en cuestión.

Cuando preguntamos a una pareja embarazada si esperan a un niño o a una niña: ¿estamos preguntando por el sexo o por el género? Normalmente por ambos, porque todavía consideramos ambos términos sinónimos. Sus genitales determinan nuestra mirada sobre la persona que va a nacer y de ese modo escribimos parte de su futuro.

Educar en la neutralidad de género significa enseñar que nadie «tiene que ser» de una manera determinada por el hecho de haber nacido con un cuerpo determinado. Porque los estereotipos son modelos que seguir, opresiones -más o menos sutiles- que condicionan nuestras conductas y estructuran nuestro pensamiento.

Esta es una opción educativa que toca un tema muy sensible: uno de los pilares de nuestra sociedad es proteger a lxs más pequeñxs. Y esa protección es la que argumentan las personas que lxs cuidan y educan: les dan la libertad y el soporte emocional para ser quienes ellxs sientan que quieren ser, disminuyendo posibles sufrimientos y reforzando su salud mental.

Educar en la máxima ausencia posible de estereotipos y roles de género.
Casi nada.
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